Fernando Robleño quien más toreo este año en la plaza de Las Ventas de Madrid

“Afición, afición y afición”, ha respondido cuando se le ha preguntado sobre la fórmula para mantener la ilusión en una carrera no del todo cómoda, lidiando reses complicadas a pesar de sus triunfos rotundos, y se ha calificado a sí mismo como “un esclavo del toreo”.

Fernando Robleño es, ante todo, un torero de Madrid. Y no solo de la Plaza de Las Ventas, sino de esa comunidad toda, plagada de cosos y festejos taurinos, donde se le ha arropado desde la infancia. Y también, claro está, Robleño es un lidiador especializado en las llamadas “corridas duras”, esas a las que les dan la vuelta las figuras y que suelen traer entre los pitones mucho más que embestidas claras.

Este año que está por concluir, el torero madrileño, nacido el 13 de septiembre de 1979, toreó en cinco festejos en la llamada catedral del toreo en el mundo; dio una vuelta al ruedo y fue fuertemente ovacionado. Inclusive en la llamada “Corrida de la Hispanidad”, el pasado 15 de septiembre, cuando un toro de Javier Cortés le quitó la visión de un ojo.

Las mejores tardes, las más laureadas, fueron aquella temporada de 2002, la siguiente a su alternativa en esa misma plaza de Las Ventas, cuando Robleño salió dos veces por la puerta grande, tanto el 21 de abril como el 13 de octubre, cuando hizo una gran faena a un toro de Victorino Martín, “Molesto” de nombre, que cerraba el festejo y le propinó dos volteretas sin consecuencias.

Si Fernando nació en Madrid, en Madrid igualmente ha vivido toda su vida, concretamente en San Fernando de Henares, y ahí ha hecho buena parte de su carrera taurina. Entre otros sus lugares madrileños está Colmenar de Oreja, Aranjuez, donde, siendo aún niño, se puso por primera vez frente a una becerra; la misma plaza, por cierto, donde debutó con picadores a los 17 años luego de su tránsito –de  cuatro años– por al Escuela de Tauromaquia de Madrid, donde recibió clases de Joaquín Bernardó y Gregorio Sánchez.

Aquella tarde del 4 de mayo del 97 en el coso de Colmenar de Oreja, se encerró con seis novillos de Victoriano del Río y cortó cuatro orejas, además de ser seriamente herido por el último del festejo, como si en una sola novillada quisiera resumir los avatares de un torero de su rango.

Como novillero alcanzó niveles importantes, presentándose por primera vez en Las Ventas en el 95 y haciendo una campaña relevante, la de 98, con 23 novilladas lidiadas y 40 orejas cortadas.

El toro de su alternativa, también en Madrid, se llamó “Servicioso II”, era de la ganadería de Valverde y se lo cedió Canales Rivera como su padrino de doctorado, con el atestiguamiento de Manuel Bejarano. A ese toro le cortó la primera oreja de su trayectoria como matador ya alternativado.

De entre sus plazas más queridas, desde luego, tiene que reseñarse la de Ceret, en Francia, donde se anunció en solitario en 2012, con un encierro de José Escolar, cortando cuatro orejas, aunque también logró triunfos importantes en cosos de Sudamérica, como en Cali, Colombia, donde salió por la puerta grande; o en San Cristóbal, Venezuela.

México aún no ha visto del todo a Fernando Robleño. Apenas suma dos festejos en sus impresionantes estadísticas, que alcanzan ya las 400 corridas, con 382 orejas cortadas y 108 puertas grandes conseguidas. Debutó en San Miguel de Allende el 31 de marzo del año pasado, lidiando un encierro de Espíritu Santo junto a Jerónimo y Leo Valadez, y cortando los dos apéndices que le permitieron salir a hombros. Actuaría también, sin mayor repercusión, en Lagos de Moreno.

Tendremos la oportunidad de verlo en la queretana Plaza Santa María y en el marco de la tradicional corrida de Navidad el próximo 25 de diciembre. Ahí podremos ver de cerca su reciedumbre y calidad, su afición sin mengua, sus agallas de torero de lucha eterna. Será una buena ocasión para apreciar a uno de esos toreros que se han ganado el título a costa de sacrificio y sangre.

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